Columna de Opinión
18 de agosto de 2025 | 19:00Celulares en la infancia: el desafío de ir más allá de la prohibición
La Fundación Club del Bosque Valdiviano aborda el actual debate político por el uso de estos dispositivos y las propuestas educativas para que niños y jóvenes reconecten con la vida real.
En Chile, el uso de celulares en las salas de clases está en el centro de la discusión. En el Congreso se debaten dos proyectos de ley: uno que propone la prohibición total, impulsado por parlamentarios de Renovación Nacional, y otro que busca regular según la edad, presentado por diputados del Frente Amplio y el Socialismo Democrático.
Para el diputado Juan Santana (PS), uno de los impulsores de la segunda propuesta, el tema es urgente: “El uso excesivo de celulares es perjudicial para el desarrollo cognitivo, especialmente en los primeros niveles educativos. También afecta la concentración y el aprendizaje”.
Una reciente publicación en la revista Journal of Human Development and Capabilities advierte que el uso temprano del celular está asociado a un deterioro en la salud mental infantil.
En nuestro país, el estudio Kids Online muestra que la edad promedio para recibir el primer teléfono es de apenas ocho años, mientras que la prueba PISA 2023 reveló que un 65 % de los estudiantes de 15 años se distrae con dispositivos tecnológicos durante las clases, reduciendo sus aprendizajes.
Un ejemplo revelador proviene de Australia, donde se aprobó una ley pionera en el mundo: prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años.
La ley obliga a plataformas como TikTok, Instagram, Facebook, Snapchat, Reddit y X a implementar mecanismos efectivos de verificación de edad, enfrentándose a multas de hasta 49,5 millones de dólares australianos si no cumplen. Al inicio, YouTube estaba exento, pero recientemente el gobierno decidió incluirlo también bajo la restricción.
Este enfoque extremo refleja la urgencia con que algunos gobiernos abordan los riesgos de la vida digital para la infancia, aunque también pone en evidencia los desafíos prácticos y éticos de imponer límites estrictos sin ofrecer alternativas.
De la restricción a la construcción de alternativas
Aunque las restricciones y regulaciones son necesarias, Claudia Contreras, directora del Colegio del Bosque en Valdivia, considera que no basta con prohibir: “La pelea con el celular no se gana imponiendo reglas, sino construyendo desde la infancia vivencias significativas que desplacen naturalmente su atractivo”.
Desde su experiencia, el Aprendizaje al Aire Libre (AAL) es una herramienta fundamental: “Buscamos que los niños vivan experiencias auténticas que fortalezcan sus vínculos, mejoren su salud mental, estimulen la observación y la escucha activa, y les ayuden a diferenciar lo real de lo virtual”.
La evidencia internacional respalda esta visión. En Noruega, Finlandia y Escocia, el AAL ya forma parte de las estructuras educativas. Estudios como los de Ming Kuo (University of Illinois, 2015) y Sue Waite (University of Plymouth) demuestran que la educación en contacto con la naturaleza mejora la autorregulación emocional, la motivación y el trabajo colaborativo.
Asimismo, la revisión sistemática de Chawla et al. (2014) establece un vínculo claro entre experiencias educativas al aire libre y el bienestar psicológico infantil.
En un mundo cada vez más digitalizado, el reto no es solo limitar el uso del celular: es recuperar para los niños el valor de la experiencia directa, del contacto humano y del entorno natural, porque ahí es donde se forman las habilidades y la salud emocional que ninguna pantalla puede reemplazar.
