Investigación & Desarrollo
Autor: Diario Acuícola , 5 de febrero de 2021

Humberto González, director del Centro Ideal: "Estamos viendo cambios importantes en la Patagonia chilena"

Dr. Humberto González. (Foto: Centro Ideal)
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El científico habla de los efectos del cambio climático en la zona antártica y subantártica, como también del impacto de la acuicultura en el medio ambiente y de los problemas que ha generado la pandemia en el desarrollo de la ciencia.

Liderado por la Universidad Austral de Chile, el Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (Ideal), cumplió recientemente cinco años de vida investigando los ecosistemas y el cambio climático en Magallanes y en la Antártica chilena. Y como centro Fondap, lo hizo con la mejor noticia que pudo recibir en este periodo: la continuidad del trabajo investigativo por otros cinco años, otorgada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) luego de que su nueva propuesta científica fuera muy bien evaluada por agentes internacionales.

“Todo lo que es el extremo sur de Chile, la península antártica y en general el continente blanco, ha despertado un tremendo interés mundial, básicamente porque lo que es entre la región subantártica y antártica se está definiendo una buena parte de lo que es el clima regional y también el clima mundial”, dice el Dr. Humberto González, director del Centro Ideal, como una de las razones de la alta aprobación que ha obtenido la entidad que dirige.

Y es que la interacción entre los sistemas de viento, los hielos, los fenómenos atmosféricos y las masas de aguas que se forman en esta zona, explica el científico, determinan finalmente los regímenes de lluvia y el clima a lo largo del país, a través de las corrientes que se dirigen hacia el norte de Chile.

Es por ello que en esta nueva etapa el Centro Ideal continuará con su misión, esta vez enfocado en cuatro líneas de investigación: Procesos pelágicos en un océano cambiante; Bioinvasiones y endemismo en un mundo cambiante: un enfoque fisiológico y molecular en el Océano Austral; Interacciones biológicas y modulación de procesos bentónicos; y Dimensiones humanas de los sistemas socio-ecológicos marinos.

“Estamos contentos de que estos grandes proyectos que habían llegado por el sur hasta Concepción, ahora ya los tenemos acá en Valdivia. agrega Dr. González. “Esperamos también en el futuro que también pueda llegar más al sur, hasta Magallanes”.

En conversación telefónica con Diario Acuícola, el científico habla de los efectos del cambio climático en la zona antártica y subantártica, como también del impacto de la acuicultura en el medio ambiente y de los problemas que ha generado la pandemia en el desarrollo de la ciencia. La entrevista fue condensada para una mayor claridad.

 

—¿Cuántas científicos trabajan hoy en el centro?

—Los investigadores son del orden de 25, pero asociados al centro hay más de cien personas, entre personas de apoyo, técnicos, estudiantes. Es un centro de los grandes, y hemos podido tener la suerte de poder reclutar profesionales muy buenos, científicos muy comprometidos con todos estos temas, así que hemos salido adelante. Yo creo que una de las claves también del éxito nuestro es que combinamos, tratamos de hacer un puente entre lo que son las ciencias naturales con las ciencias sociales. Gente que trabaja más bien en el área de la antropología, la historia, y tratar de ver cómo los problemas del cambio climático y globales. Hay gente que en general vive de los recursos directamente, y todos vivimos indirectamente de ellos. Creo que no hay ningún proyecto grande en estos momentos que pueda obviar lo que significa el impacto social del cambio climático, el impacto en las mismas personas.

 

—¿Qué tan grandes son estos impactos?

—Los impactos son grandes, en el sentido por ejemplo que estamos viendo cambios importantes en la Patagonia chilena. Buena parte de los que son nuestras reservas de agua dulce, glaciares, nieves, etcétera, están retrocediendo a velocidades muy importantes. Lo que ha producido eso, en el fondo, es la entrada de agua dulce, pero también la entrada de nutrientes, componentes orgánicos, y eso ha producido un efecto de ir cambiando las condiciones en general donde viven los organismos, y donde viven las personas que viven de esos organismos. Entonces, calentamiento, acidificación y plastificación —cantidad de micro plástico disuelto en el agua—, han tenido un impacto que ha significado la reducción de muchos recursos. En ese sentido, estamos tratando de ver, por ejemplo, cómo las personas que viven asociadas a esos recursos han tenido también que modificar sus hábitos, en algunos casos trasladarse de una región a otra o en otros casos cuando el recursos ya no es abundante, tener que cambiar a otro recurso alternativo. Ha sido un trabajo gratificante, porque es trabajar con la gente y dar recomendaciones de cómo poder sobrellevar estas crisis. Siempre es algo súper motivador.

El trabajo del Centro Ideal está enfocado en entender los impactos del cambio climático en Magallanes y en la Antártica. En la imagen, vista del continente blanco desde la base Yelcho. (Foto: Ricardo Giesecke/Centro Ideal)

—¿Eso lo observan específicamente en Magallanes?

—Sí, pero diría también que en toda la Patagonia, porque hemos vivido crisis importantes. Nosotros, por ejemplo, para la segunda etapa del Ideal estamos tratando de tomar algunos de los problemas que se han suscitado en los últimos tiempos, por ejemplo el efecto de las mareas rojas. En el último tiempo, pasamos de Alexandrium catenella, que era el clásico organismo que producía la marea roja desde comienzos de los años 70 en Chile, a un montón de distintos grupos dentro de organismos flagelados, microorganismos del medio ambiente que han aparecido en el último tiempo. Entonces han empezado a surgir preguntas: si siempre estuvieron ahí y antes no lo veíamos, si siempre estaban en pequeñas cantidades que no eran detectables, pero dado que hemos cambiado la estequiometría, por ejemplo, de las aguas, de las regiones costeras, ahora han proliferado más. Efectivamente, las mareas rojas afectan a todas las comunidades de pescadores que viven de estos recursos a lo largo de todo Chile, y también afectan a acuicultura, salmonicultura, etcétera. Producen perjuicios grandes incluso, en lo que tiene que ver con la salud pública. Entonces hay un tema muy grande del cual queremos hacernos cargo para esta segunda etapa.

 

—¿Qué rol juega la acuicultura en estos cambios, particularmente la salmonicultura? Mucho se ha dicho sobre los impactos de la salmonicultura en el medio ambiente.

—Yo creo que no hay ninguna industria ni quehacer que no tenga un impacto, primero que nada. Lo que nosotros estamos planteando es que ha habido simplemente un cambio en el esquema, el paradigma de cómo usar los océanos en los últimos años. Si nos remitimos a unas décadas atrás, estaba todo mucho más intacto que lo que es ahora, y a lo mejor se usó el océano en forma bastante irresponsable. Pero en estos momentos Chile cambió el esquema y hay tres pilares que sustentan todas las actividades, incluida la salmonicultura. Uno es que justamente necesitamos una reactivación económica, y por lo tanto la actividad en general, bienvenida en ese contexto. Segundo, necesitamos un pilar social que sea fuerte, pensar en las personas y en su bienestar. Y el tercero es el pilar medioambiental, o sea, tenemos que cuidar también el medio ambiente que haya sido severamente afectado. Entonces, en términos de lo que es la industria acuícola en general, hay que usar, sí, pero ahora viene con apellido: sustentable, que es el uso del océano, de los bienes que produce, en forma regulada, controlada, y que se estén por lo tanto respetando normativas para el uso sustentable. Eso es súper importante, porque además a la industria no le interesa trabajar uno o dos años, le interesa el largo plazo, entonces ahí creo que de a poquito se ha entendido que un trabajo de largo plazo de la industria requiere justamente un uso muy responsable, sustentable, y eso lo hemos ido aprendiendo de a poco al recibir los golpes que nos ha dado la naturaleza. Las señales por ejemplo de lo que pasó ahí con el virus ISA y todo eso, son lecciones que hay que ir aprendiendo, en términos que el océano no tiene una capacidad ilimitada, sino que en general las condiciones de la zona de la Patagonia son muy vulnerables a todos estos cambios que están ocurriendo. Y por lo tanto hay que tomar todas esas precauciones.

 

Hoy día trabajamos como al 10 % probablemente, en cosas muy puntuales, pero prácticamente tuvimos que cancelar casi todas las salidas que teníamos, prácticamente todas.

 

—¿Y cómo ha sido hacer ciencia en este año de pandemia? ¿Cómo se ha visto afectado el centro?

—La pandemia ha sido transversal a todas las actividades, a todas las personas. No se ha salvado nadie. Nosotros hemos tenido que suspender, aplazar proyectos grandes que teníamos, como con la Comunidad Europea, y que iban a comenzar durante el 2020 y 2021. Hoy día trabajamos como al 10 % probablemente, en cosas muy puntuales, pero prácticamente tuvimos que cancelar casi todas las salidas que teníamos, prácticamente todas. También todas las reuniones presenciales, todo lo que era congresos, talleres que estaban programadas, actividades de cruceros científicos. Todo lo tuvimos que suspender. Lo último fue ahora para la Expedición Científica Antártica, en la cual íbamos a enviar a cuatro personas de emergencia, porque nosotros mandamos más de 20 científicos todos los años a la Antártica, pero este año íbamos a mandar a un par de técnicos que se iban a encargar de poder rescatar del agua unos equipos que están bajo el agua, colectando información. Son equipos muy caros y que están en el fondo del océano. Podemos dejar de ir a verlos dos años y después ir a rescatarlos. Pero en la Antártica, como las temperaturas son muy bajas, eso es un riesgo demasiado alto. A temperaturas muy bajas las baterías te garantizan por lo menos un año, pero no dos. Ese es un ejemplo nomás, pero también tenemos muchos anclajes, tenemos cosas corriendo en la Región de Magallanes que también tuvimos que suspender.

Científicos del centro preparando una instrumento para realizar mediciones de agua. (Foto: Cento Ideal)

—¿Cuántas veces van al año?

—A la Antártica usualmente vamos todos los años. Se va un contingente primero en enero, en los primeros días, y después el segundo hacia a fines de enero. Ahí todos los años mandamos dos grupos grandes. y en Magallanes tenemos una serie de tiempo corriendo en Santa Ana, tenemos otra serie de tiempo en el canal Beagle, entonces estamos concentrados entre el estrecho de Magallanes y canal Beagle, y son del orden de dos a tres, incluso cuatro expediciones al año, y que tuvimos que suspenderlas todas.

 

—La pandemia debe afectar también a todos los demás centros de investigación.

—Todos. La verdad es que nosotros solo somos un ejemplo de lo que está ocurriendo. Ahora, igual la parte positiva es que todo lo que tiene que ver en términos de reuniones no presenciales, por Internet, ya se han regularizado. Aprendimos un nuevo procedimiento que antes no era muy usual. Ahora todo es online, y ya se está estandarizando al menos.

 

—De todas maneras, ¿se puede decir que la investigación científica se atrasó?

—Yo diría que sí.

 

—¿Qué impacto puede tener esta situación?

—Aquí quisiera un poco destacar un poco la actividad que tenía el Ministerio de Ciencias y la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, en el sentido de tratar de entender que estas son situaciones involuntarias que dependen un poco de un cambio climático global y una naturaleza que nos está afectando. Entonces ha dado facilidades en el sentido de que en algunos casos hemos tenido que ir acortando algunos objetivos. En el caso de nuestros estudiantes y lo que se ha hecho es extender el tiempo. Por ejemplo, si ya llevamos un año en que no hemos podido realizar actividades, se les ha extendido en un año la posibilidad de que puedan terminar sus estudios. Ha habido entendimiento en ese sentido, lo que agradecemos bastante. Pero efectivamente, probablemente igual se van a ver resentidos muchos proyectos, en los cuales se han tenido que acortar objetivos porque el proyecto en sí, no es que si duraba diez años nos van a decir vamos a agregar un año más y los vamos a financiar un año más. No, se acaba igual, en un periodo establecido, solo que hay acortar objetivos, etcétera, y todo eso que en realidad significa un golpe para la ciencia en general. Ha sido duro, te diría.

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