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Por Valentina Cortés Lehuei , 11 de febrero de 2022

A cinco años de los grandes incendios de 2017, los impactos aún persisten

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Esto fue descubierto gracias a un estudio sobre los servicios ecosistémicos del centro sur del país.

El verano del 2017 estuvo marcado por una estela de destrucción y cenizas, que el tiempo no ha logrado borrar. Esta catástrofe significo que pueblos enteros fueran consumidos por las llamas, como lo fue Santa Olga, pero que también dejara victimas y grandes perdidas de naturaleza, que se ha demostrado, aún siguen latentes.

El saldo de los megaincendios de principios de 2017 fue de cerca de 600 mil hectáreas destruidas, 86 mil de ellas correspondientes a bosque nativo, daño que aún no ha sido cuantificado del todo y cuya huella sigue latente en términos del impacto sobre la naturaleza y los paisajes. 

Esto se demostró recientemente por un estudio realizado en 2021 por la Universidad de concepción. The Effects of a Megafire on Ecosystem Services and the Pace of Landscape Recovery, este trata los impactos del la zona afectada y como se han recuperado o no sus funciones ecosistémicas.

Para ello seleccionaron la cuenca del Estero Empedrado, concluyéndose que tras los años transcurridos, este paisaje no ha alcanzado el nivel de provisión que tenía antes del megaincendio, evidenciando la necesidad de acciones de manejo forestal y monitoreo de los servicios ecosistémicos.

“Los incendios generan un gran impacto sobre los servicios ecosistémicos, cuantitativamente los hace caer en un 50% de manera violenta tras su ocurrencia", explica Francisco de la Barrera, académico de FAUG UdeC y uno de los autores de la investigación. Puesto que al no contar con planes de restauración en estos espacios, especies exóticas tanto plantadas como invasivas “crecen de manera muy violenta y son poder controlarlas”, destaco el investigador.

Estas especies pueden llegar a ser muy persistentes cuando ya dominan el espacio, por lo que son muy difíciles de erradicar ejemplo de esto son los pinos que, "regeneran, o el eucaliptus, que rebrota desde los mismos individuos, así como los aromos y la retamilla, especies que generan un mayor riesgo de ocurrencia de incendios a partir de dos a cinco años luego de ocurridos los incendios”, agrega.

No es de sorprender que después del tiempo transcurrido la zona, aún no sea capaz de volver a su condición inicial, ya que las forestales utilizan estas especies exóticas, pero no llevan el control de su crecimiento.

Ante este escenario Trevor Walter, coordinador de Paisajes Terrestres de WWF Chile, reitera la necesidad de impulsar acciones articuladas y colaborativas de restauración de los paisajes afectados y sus bosques, “Vemos que se ha avanzado en reforzar la prevención y el control, pero sigue siendo muy relevante fortalecer la institucionalidad relacionada con los incendios".

El déficit de recuperación de los servicios ecosistémicos, así como la densidad de la colonización de áreas afectadas por especies invasoras son dos marcas importantes del incendio. Problemas que no son específicos de este caso, sino que a lo largo de todo el país y los incendios que se producen. 


 

 

 


 

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